jueves, 18 de agosto de 2016

Reencuentro / Reunion

    Ansiosa por alcanzar su destino, atravesó aprisa el sendero que discurría junto al barranco y el arroyo, flanqueado por árboles de troncos torturados que el musgo acariciaba y la hiedra abrazaba. Era una tarde nublada y fría, pero esa atmósfera gris nunca le provocaba tristeza o melancolía; por el contrario, la llenaba de vigor y esperanza. Jugaba a creer que el tejido de la Realidad se volvía delgado en días como aquel, permitiendo al observador vislumbrar el dominio de lo imposible, e incluso adentrarse en él a través de los rasgones que se hacían al azar en el mundo material.
    El corazón comenzó a latirle con más fuerza al encontrarse ante el familiar escenario en que desembocaba el sendero: el puente y sus torres almenadas, enseñoreándose de la vista; el césped, de intenso verde, los arbustos salpicados de flores púrpura, la arboleda circundante. En su infancia había soñado una y otra vez con lugares como éste; había escrito historias acerca de ellos, los había dibujado durante las ociosas tardes de verano. Los años habían transcurrido, la magia se había adormecido, y aunque lo bello y antiguo jamás habían dejado de causarle fascinación, nada le había devuelto esa emoción indescriptible que experimentaba al visitar con la imaginación sus castillos de ensueño… Hasta el día en que había descubierto, por ventura, este paraje, donde la mayor atracción eran dos estructuras decorativas, imprácticas; caprichos del poder y la riqueza, huérfanos de piedra, ennoblecidos por su reacción al abandono, al desdén del tiempo.
    De haber creído que el futuro estaba escrito, pensó, mientras se detenía unos minutos para recuperar el aliento, les habría atribuido a sus juegos infantiles un carácter profético.

    Siguió su camino hasta encontrar al hombre por quién había hecho este viaje. Él aguardaba junto al arco conopial de la entrada principal abierta sin propósito en una de las vetustas follies. Estaba de pie, erguido y con un brazo flexionado detrás de la cintura, como un caballero de la Regencia; observaba la puerta de rejas cubierta de herrumbre con la expresión de quién estudia algo de suma trascendencia. 
    -¡Ah, al fin llegas! –exclamó al escuchar pasos tras de sí. Se volvió, cruzándose de brazos-. Dices que vendrás a verme y luego me dejas aquí, esperándote todo el día. ¿Es así como tratarás siempre a tu Inspiración? Fruncía los labios y el ceño, con lo que parecía genuina irritación, pero ella sabía que sólo estaba fingiendo, y se echó a reír. El rostro de él se distendió entonces, y rió también. Caminó hacia ella, le tomó las manos y las besó. 
    -Querido, acudo a ti tan pronto como puedo. Sabes que no me gusta hacerte esperar…
    Él asintió, condescendiente, y ella cerró los ojos por un instante, inspirando profundamente.
    -¿De qué huyes hoy? –preguntó él en un susurro.
    Ella abrió los ojos y arqueó una ceja, ligeramente disgustada.
    -No siempre vengo aquí porque necesito huir –se defendió.
    Él se encogió de hombros. 
   -Lo sé, pero hoy sí lo necesitas. Entonces, ¿de qué huyes? 
    Ella suspiró, resignada.
   -Huyo de la incomprensión, del egoísmo, del prejuicio. Huyo de las abstracciones que ocasionan y justifican el sufrimiento y la muerte. De los que escogen bandos y olvidan que aquel a quien llaman enemigo es también un ser humano. De quienes desdeñan la vida de los seres que consideran inferiores, sin darse cuenta de que así se condenan a sí mismos y al resto del mundo.
    “Huyo también, amor mío, de mis propios temores, reales y absurdos. De mi propia ira y de mis propias contradicciones.
    -¡Ah! No me cuentas ninguna novedad, si me permites decirlo de esta forma -él soltó una risita sarcástica y alzó la barbilla, con gesto orgulloso-. De cualquier manera, has venido al lugar indicado, lógicamente. Yo te haré recuperar, por un momento, la convicción en los sueños y las fantasías; te devolveré el anhelo por los verdaderos sentimientos y la esperanza de encontrarlos algún día. Te recordaré que el amor por todo lo que existe es capaz de apaciguar la indignación, de destruir la ira. Volverás a casa con algo que escribir, y eso te ayudará a aligerar la carga…
    Él le extendió una mano, y la miró de soslayo, con una de esas sonrisas suyas, tan cautivadoras, tan persuasivas. Ella aceptó la invitación, como de costumbre, y juntos traspusieron el umbral de esa entrada que llevaba a ninguna parte y a todos lados.


ENGLISH


     Eager to reach her destination, she hurried across the path that ran along the ravine and the stream, flanked by trees of tortured trunks the moss caressed and the ivy hugged. It was a cloudy and cold afternoon, but that grey atmosphere never caused her sadness or melancholy; on the contrary, it always filled her with vigour and hope. She pretended to believe that the weft of Reality became thin in days like that, allowing the observer to glimpse the domain of the Impossible, and even venture into it through the tears that randomly opened in the material world.
    Her heart started to beat faster when she found herself before the familiar scenery that the road led onto: the bridge and its crenulated towers ruling the view, the lawn of intense green, the bushes spotted with purple flowers; the surrounding grove. Back in her childhood days, she would repeatedly dream of places like this; she would write stories about them, she would draw them during the idle summer afternoons. Years had passed, the magic had gone to sleep, and even though the beautiful and the ancient had never ceased to incite her fascination, nothing had given her back the indescribable emotion she experienced when visiting those fantasy castles with her imagination… Until the day she had fortuitously discovered this site, whose major attraction were two impractical, decorative structures; whims of power and wealth, orphans of stone, ennobled by their reaction to the abandonment, to the disdain of time.
    Had she believed the future was written, she thought while stopping for a few minutes to catch her breath, she would have attributed prophetic qualities to her infantile games.

     She went on her way until she found the man for whom she had made this journey. He waited beside the ogee arch of the main entrance opened without a purpose in one of the old follies. He stood straight, with an arm bent behind his belt, like a gentleman of the Regency era. He looked at the rusty gate with an expression of serious concentration, as if studying something of utmost importance.
    “Ah, you’ve finally arrived!” He exclaimed when he heard footsteps behind him. He turned around, folding his arms. “You say you’re going to visit me and then you leave me here waiting for you all day! Is this the way you’ll always treat your Inspiration? He puckered his lips and frowned with what looked like genuine irritation, but she knew he was just pretending and she laughed. His face relaxed then and he allowed himself a laugh too. He walked towards her, took her hands in his and kissed them.
    “Darling, I come to you as soon as I can.” She said with regret. “You know I don’t like to make you wait…”
    He nodded condescendingly and she closed her eyes for an instant, taking a deep breath.
    “What are you escaping from today?” He asked in a whisper. She opened her eyes and raised an eyebrow, slightly annoyed.
    “I don’t always come here because I need to escape from something.” She defended herself. The man shrugged.
    “I know. But today you do need it. So, what are you escaping from?”
    She sighed and gave in. “I escape from incomprehension, from selfishness and prejudice. I escape from the abstractions that cause and justify suffering and death. From those who choose sides forgetting that the ones they call enemies are human beings too. From those who disdain the life of all the beings they consider inferior, without realizing they are condemning themselves as well as the rest of the world. I also escape, my love, from my own fears, the real and the absurd ones. From my own anger and my own contradictions.”
    “Ah! You tell me nothing new, if I may put it this way.” He giggled cynically and lifted his chin proudly. “Nevertheless, you’ve come to the right place, naturally. I will help you regain, for a moment, your old conviction in dreams and fantasies; I’ll give you back the longing for the true feelings and the hope of finding them someday. I’ll remind you that the love for all that exists is capable of placating indignation, appeasing anger. You’ll go back home with something to write and that will help you lighten the burden...”
    He offered her a hand and gave her a sidelong glance, with one of those smiles of his, so captivating, so persuasive. She accepted the invitation, as usual, and together they crossed the threshold of that entrance that led to nowhere… and everywhere.


☽ Eneele© 2014

Inspirado por las Torres de Ballysaggartmore.
Inspired by the Ballysaggartmore Towers.


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